Marcela vende y repara aires acondicionados en una ciudad del interior. Hace unos años, cuando todavía sobraba el verano y faltaba el equipo, contrató a alguien para que le armara la página web y, sobre todo, para que escribiera unas guías. Una explicaba cómo elegir la potencia según el tamaño del cuarto. Otra, por qué un equipo demasiado grande enfría peor que uno justo. Eran textos honestos, escritos por alguien que sabía. Y funcionaban: la gente los encontraba en Google, los leía, y un porcentaje terminaba llamando al local. La página era, en los hechos, su mejor vendedor. Trabajaba de noche, los domingos, en enero.
Este verano, Marcela notó algo raro. Las consultas por web cayeron. No de golpe; de a poco, como una canilla que gotea cada vez menos. Revisó sus números y vio que la gente seguía buscando lo mismo de siempre —“cuántos BTU necesito para una habitación”, “qué aire comprar para 20 metros”— en cantidades parecidas. Pero ya casi nadie entraba a su sitio. Las visitas estaban yéndose a algún lado, y ese lado no era ninguno de sus competidores.
El lado era Google mismo.
Lo que cambió arriba de todo
Si abrís Google hoy y preguntás cómo elegir un aire acondicionado, antes que cualquier enlace vas a encontrarte con un recuadro que te contesta directamente. Te dice que para un cuarto de 6 a 15 metros cuadrados conviene un equipo de 9.000 BTU, que de 16 a 20 metros te sirve uno de 12.000, que sumes un 10% si la habitación recibe mucho sol, que no te pases de potencia porque el equipo prende y apaga todo el tiempo y gasta de más. Es un resumen ordenado, correcto, suficiente. Se llama AI Overview —resumen con inteligencia artificial— y lo escribe un modelo de lenguaje leyendo, en milisegundos, decenas de páginas como la de Marcela.
El problema, para Marcela, no es que el resumen esté mal. El problema es que está tan bien que el cliente ya no necesita entrar a ningún lado. Obtuvo lo que vino a buscar sin pasar por la puerta del local. Y cuando uno mira de dónde sacó el sistema esa información, aparecen citadas las grandes marcas y las cadenas regionales. La casa de Marcela, que escribió una de las mejores guías de la zona, no figura.
Hice esa búsqueda mientras escribía esta nota, justamente para no hablar de oído. La respuesta sintetizó, sin que yo hiciera clic en ninguna, el contenido de fabricantes como Samsung, Haier, Midea y Toyotomi, y de cadenas como Coppel y La Curacao. Todo el trabajo de redacción de esos sitios terminó comprimido en seis líneas servidas en bandeja, con el logo de Google arriba. El usuario quedó satisfecho. Los autores quedaron sin la visita.
Multiplicá esa escena por millones de búsquedas y tenés el fenómeno que está sacudiendo, sin escándalo y sin titulares, a las pequeñas empresas de la región.
Los números no son una opinión
Conviene poner cifras, porque acá no se trata de una sensación de Marcela. Se trata de un patrón medido por varias empresas que no tienen relación entre sí y que llegan, una y otra vez, a la misma conclusión.
La firma de análisis Ahrefs estudió 300.000 búsquedas y encontró que, cuando aparece el resumen de IA, los clics a la página mejor posicionada caen alrededor de un 58%. Lo interesante —y lo inquietante— es la velocidad: en abril de 2025 esa caída era del 34,5%, y para fines de año casi se había duplicado. El centro de investigación Pew Research, en un estudio controlado, lo midió desde el otro lado: cuando hay resumen de IA, la gente hace clic en algún enlace apenas el 8% de las veces; cuando no lo hay, el 15%. Casi la mitad de los clics se evapora.
La agencia Seer Interactive, que viene siguiendo el tema desde el primer día, calculó que los clics orgánicos —los que no se pagan— cayeron un 61% desde que Google lanzó la función. Y SimilarWeb, mirando específicamente medios de noticias, vio que la proporción de búsquedas que terminan sin que nadie entre a ningún sitio trepó al 69% en mayo de 2025, contra el 56% del año anterior. Hoy, según distintas mediciones, alrededor de seis de cada diez búsquedas en Google terminan sin un solo clic hacia afuera.
Hay un dato que ordena todo lo demás. La consultora Gartner proyecta que el tráfico orgánico tradicional va a caer cerca de un 50% hacia 2028 por culpa de la búsqueda con IA. La mitad. Si su negocio depende hoy de que la gente lo encuentre en Google y entre a su web, esa frase debería sacarle el sueño un rato.
Una aclaración importante, para no caer en el catastrofismo fácil: la gente no busca menos. Busca igual o más. Lo que cambió no es la demanda de respuestas, sino el lugar donde se entregan. Antes la respuesta estaba en tu web y Google te mandaba al cliente. Ahora la respuesta está en Google y el cliente se queda ahí.
El segundo frente: la gente que ya no abre Google
Mientras todo esto pasaba dentro de Google, mucha gente directamente empezó a preguntar en otro lado. ChatGPT pasó de cien millones de usuarios semanales a unos ochocientos millones a fines de 2025. Una encuesta de Adobe encontró que el 77% de quienes lo usan lo tratan como un buscador, y que el 36% descubrió un producto o una marca nueva conversando con él —entre los más jóvenes, casi la mitad—. Las consultas de compras dentro de ChatGPT, según Bain y Sensor Tower, prácticamente se duplicaron en la primera mitad de 2025.
Para un dueño de pyme, la conclusión es brutal en su simpleza: hay un mostrador nuevo, enorme, donde se forman opiniones y se arman listas cortas de candidatos a comprar, y a ese mostrador no se entra por SEO. Se entra de otra manera.
Acá hay un matiz que conviene guardar en el bolsillo, porque es plata. Los datos de NP Digital muestran que la enorme mayoría de lo que la gente le pregunta a ChatGPT es informativo —“explicame”, “compará”, “qué me conviene”— y casi nada es transaccional: la compra final todavía se cierra mayormente en Google o en el sitio del vendedor. Es lo que algunos llaman la paradoja de ChatGPT: la gente investiga en la conversación con IA y compra en otro lado. Para Marcela, esto significa que la batalla por aparecer en la IA no es por la venta directa, sino por algo anterior y más valioso: ser uno de los nombres que el cliente ya trae anotados cuando finalmente levanta el teléfono.
Por qué esto pega más fuerte —y más tarde— en América Latina
Durante un buen tiempo, todo esto fue un problema en inglés. Ya no. A lo largo de 2025, Google llevó sus resúmenes de IA y su modo conversacional al español, y los activó en España, México y varios países de la región. El idioma dejó de ser un escudo. Lo que en el norte empezó a doler en 2024, en nuestros mercados recién está agarrando velocidad ahora, en 2026. Eso es, paradójicamente, una buena noticia: todavía hay ventana.
Pero la región tiene una trampa propia, y vale la pena nombrarla porque casi nadie la ve venir. El español que entiende la máquina tiende a ser un español genérico, sin patria. Search Engine Land lo bautizó el problema del “español global”: el mismo resumen de IA, generado a partir de contenido escrito en un español neutro, puede servirse igual a alguien en Madrid, en Bogotá o en Montevideo, mezclando contextos que no son intercambiables. Una respuesta sobre impuestos, garantías, formas de pago o regulaciones puede sonar perfecta y ser, al mismo tiempo, legalmente falsa para tu país. Para un negocio local, esto es a la vez un riesgo —que la IA te excluya por ambigua— y una oportunidad enorme: el contenido que dice con claridad “esto es en Uruguay”, “esto aplica en Argentina”, “este precio es en pesos”, tiene una ventaja real frente al material flotante y sin domicilio que abunda.
Y hay viento de cola. Un informe que el Banco Interamericano de Desarrollo elaboró junto a Google estima que una adopción seria de inteligencia artificial podría sumarle a la economía de la región entre 3,6% y 6,7% del PBI por año —hasta 242.000 millones de dólares—. El español, con más de 490 millones de hablantes nativos, es un mercado demasiado grande como para que estas herramientas lo dejen de lado. La pregunta no es si la búsqueda con IA va a importar en América Latina. Es quién va a estar adentro de la respuesta cuando importe.
De salir primero a ser la fuente: qué es GEO
Acá aparece la sigla que está dando vueltas en todas las charlas de marketing: GEO. Significa Generative Engine Optimization, optimización para motores generativos, y es la prima joven del viejo SEO.
La diferencia se explica sin tecnicismos. El SEO de toda la vida buscaba que tu página apareciera lo más arriba posible en la lista de enlaces, para ganarte el clic. El GEO busca algo distinto: que cuando la IA arme su respuesta, te use a vos como fuente, te cite, te recomiende. El SEO peleaba por el clic. El GEO pelea por ser la respuesta. Como lo resumió una publicación del rubro, el SEO trabaja la visibilidad; el GEO trabaja la influencia.
No es magia ni es humo. En 2024, un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton publicó el primer estudio académico serio sobre el tema —presentado en la conferencia KDD, una de las más prestigiosas en ciencia de datos— y demostró algo concreto: con las técnicas correctas, un sitio puede aumentar hasta un 40% sus chances de ser citado por la IA. Probaron nueve tácticas sobre diez mil consultas. Las que funcionaron no son las que uno esperaría. Lo que más ayudó fue citar fuentes confiables, incluir datos y estadísticas verificables, sumar alguna cita o testimonio, y escribir con claridad y autoridad. Lo que no funcionó —y conviene tatuárselo— fue el viejo truco de repetir la palabra clave mil veces. A la máquina eso ya no la engaña; más bien la espanta.
Hay una ironía hermosa en todo esto. Durante años, mucho contenido web se escribió para robots: relleno, palabras forzadas, párrafos inflados para “posicionar”. El nuevo robot premia exactamente lo contrario: contenido escrito para humanos, con información real, dicha de manera precisa y honesta. La IA, vaya paradoja, vino a recompensar la buena escritura.
Qué puede hacer Marcela el lunes a la mañana
Nada de esto sirve si se queda en el diagnóstico. Así que bajemos a tierra, sin jerga, lo que cualquier dueño de pyme puede empezar a hacer esta semana.
Acciones concretas para esta semana
- Dejar de medir solo clics. Probá hoy mismo: preguntale a ChatGPT, a Gemini y al modo IA de Google “¿qué empresas recomiendan para [lo que hacés] en [tu ciudad]?”. Si no aparecés, ya sabés contra qué jugás.
- Escribir como quien sabe, no como quien quiere salir primero. Datos concretos, ejemplos, cifras en la moneda local, garantías reales, nombre de tu ciudad. Apellido y domicilio para tu contenido.
- Ser coherente en todos lados. Dirección, teléfono, nombre del negocio: que tu web, ficha de Google, redes y directorios digan lo mismo, escrito igual.
- Ocupar la respuesta de la IA en lugar de pelearte con ella. Que Google conteste, pero que lo haga con tus palabras y citándote a vos.
- GEO no reemplaza al SEO, lo continúa. Un sitio sano, rápido y claro sigue siendo la base. Quien ya hizo bien los deberes parte con ventaja.
Lo primero es dejar de medir solo clics. Si tu único termómetro es “cuánta gente entró a mi web”, vas a entrar en pánico viendo bajar un número que ya no cuenta toda la historia. Hay que empezar a mirar también si tu negocio aparece cuando uno le pregunta a ChatGPT, a Gemini o a la propia búsqueda de Google. Es gratis y revelador.
Lo segundo es escribir como quien sabe, no como quien quiere salir primero. Las páginas que la IA elige son las que dan información concreta: cifras, ejemplos, pasos, comparaciones, una respuesta clara a una pregunta real. La guía de BTU de Marcela ya es exactamente eso; lo que le falta es ponerle apellido y domicilio —decir los precios en su moneda, nombrar su ciudad, aclarar qué garantía da ella—, porque eso es lo que la vuelve insustituible frente al contenido genérico.
Lo tercero es ser coherente en todos lados. La IA arma su idea de quién sos juntando migas de muchas partes: tu web, tu ficha de Google, tus redes, tus reseñas, los directorios donde figurás. Si tu dirección, tu teléfono o el nombre de tu negocio cambian de un lado a otro, la máquina duda, y cuando duda, no te nombra. Que todo diga lo mismo, escrito igual, es de las cosas más baratas y más rentables que podés ordenar.
Lo cuarto, y quizás lo más difícil de aceptar: dejá de pelearte con la respuesta de IA y ocupala. Si Google va a contestar igual la pregunta de tu cliente, que la conteste con tus palabras y citándote a vos. Ser la fuente del resumen no es perder el clic; es ganar la confianza antes de que el cliente sepa siquiera que necesita elegir.
Y un último apunte, sereno, para no salir corriendo a contratar al primero que prometa “posicionarte en la IA”: GEO no reemplaza al SEO, lo continúa. Un sitio sano, rápido, claro y confiable es la base sobre la que todo esto se apoya. Quien ya hizo bien los deberes viejos parte con ventaja. Quien nunca los hizo, tiene ahora una buena excusa para empezar.
El nuevo escaparate
Hay algo melancólico y algo esperanzador en el momento que estamos viviendo. Melancólico, porque la web abierta que conocimos —ese lugar donde un buen texto bien escrito te traía clientes solo— se está angostando. Esperanzador, porque lo que la máquina premia ya no es el truco ni el volumen, sino la honestidad y el oficio. Esa es, curiosamente, la cancha donde una pyme con conocimiento real siempre jugó mejor que un gigante con presupuesto.
Marcela todavía no lo sabe del todo, pero su guía sobre los BTU no fue trabajo perdido. Es, exactamente, la materia prima que la nueva búsqueda necesita. Lo único que le falta es enseñarle a la máquina que esa sabiduría tiene dueño, ciudad y teléfono. El escaparate cambió de lugar: ya no está en la vidriera ni en la primera página de Google. Está adentro de la respuesta. Y todavía hay tiempo de entrar.