La respuesta corta: entre unos USD 250 y USD 1.500+, según lo que necesites. La respuesta útil es entender de qué depende ese número — con rangos reales por tipo de web y los costos que casi nadie te aclara antes de pasarte el presupuesto.
En resumen: en Uruguay (2025–2026) una landing page de una sola sección ronda los USD 250 a 500; una web institucional de varias páginas con diseño propio va de USD 500 a 1.200; y una web a medida con funcionalidades específicas parte de USD 1.500 en adelante. A eso se suman costos anuales fijos: el dominio .uy (desde ~USD 30–40 al año) y el hosting (desde ~USD 5–20 al mes). Una tienda online se cotiza aparte, porque implica catálogo, pagos y envíos.
Porque "página web" no es un producto único: es un rango enorme que va de una tarjeta digital a un sistema. El precio se mueve según cinco factores concretos. Conocerlos te deja comparar cotizaciones sabiendo qué estás pagando.
No es lo mismo una landing de una sola pantalla que un sitio con inicio, servicios, sobre nosotros, blog y contacto. Cada sección nueva es diseño, redacción y programación adicional. La estructura es lo primero que mueve el número hacia arriba o hacia abajo.
Adaptar una plantilla con tu logo y colores es lo más económico y rápido. Un diseño propio, pensado para tu marca y para que el visitante haga lo que querés (llamar, escribir, comprar), lleva muchas más horas. Ahí está la diferencia más grande entre una web barata y una que trabaja para vos.
Si vos entregás los textos y las fotos, se ahorra tiempo. Si necesitás que el proveedor redacte los textos pensados para vender y para Google, o que consiga imágenes profesionales, eso es trabajo aparte. Muchos presupuestos "baratos" lo son porque asumen que el contenido lo ponés vos.
Una web puede entregarse "linda" pero invisible en Google. El SEO desde el día 1 —estructura, textos optimizados, datos estructurados— es trabajo real. Lo mismo con funciones extra: formularios avanzados, reservas, multi-idioma, un blog gestionable o integraciones con WhatsApp e Instagram.
Una página web no se termina el día que se publica. Actualizaciones, copias de seguridad, cambios de contenido y dudas que surgen. Algunos presupuestos incluyen unos meses de soporte, otros lo cobran aparte. Conviene saberlo de entrada para no llevarte sorpresas al segundo mes.
Cifras orientativas en dólares (2025–2026) para que llegues a la reunión con una expectativa realista. No son tarifas fijas: cada proyecto se cotiza según lo que necesita. Pero estos rangos reflejan lo que se paga hoy en plaza.
Una sola página, pensada para un objetivo claro: presentar un servicio, captar contactos o acompañar una campaña de publicidad. Diseño sobre plantilla adaptada a tu marca, formulario de contacto y lo justo para estar online ya. Ideal para emprendimientos y profesionales que recién arrancan.
Varias páginas (inicio, servicios, nosotros, contacto), diseño personalizado a tu marca, textos trabajados, SEO desde el día 1 e integraciones con WhatsApp e Instagram. Es el rango donde caen la mayoría de las pymes y estudios profesionales que quieren una web seria que les traiga clientes.
Desarrollo con requerimientos particulares: sistema de reservas o turnos, portal de clientes, multi-idioma, catálogos complejos, automatizaciones o integraciones con tus sistemas de gestión. Acá el precio depende del alcance real y se define con un relevamiento previo.
Una aclaración importante: desconfiá tanto del "te hago la web por 50 dólares" como del presupuesto inflado sin justificación. Lo primero casi siempre termina en una web genérica, sin SEO y sin soporte, que no aparece en Google ni convierte. Lo segundo, en pagar de más por trabajo que no necesitás. El precio justo es el que se corresponde con lo que realmente vas a recibir — y eso debería estar escrito en el presupuesto, no prometido de palabra.
Cuando recibís una cotización por una página web, lo que cuesta plata es el trabajo único de dejarla funcionando: el diseño, la programación o configuración, el armado de cada sección, la carga de tus textos e imágenes, la conexión del formulario de contacto y la puesta en producción con tu dominio. Eso es lo que normalmente entra en el precio "de la web".
Lo que muchas veces queda afuera y conviene preguntar de entrada: la redacción profesional de los textos si no los tenés, la fotografía o el banco de imágenes, las campañas de publicidad (Google Ads, Instagram), el contenido de un blog para SEO y el mantenimiento mensual después del lanzamiento. No es que falte por mala fe — son trabajos distintos. El problema aparece cuando creés que están incluidos y no lo están.
Por eso la pregunta más útil que le podés hacer a cualquier proveedor no es "¿cuánto sale?", sino "¿qué incluye exactamente este precio y qué quedaría aparte?". Una respuesta clara y por escrito te dice más sobre con quién estás tratando que cualquier portfolio.
Una página web tiene un costo inicial y costos que se repiten todos los meses o años. Ignorar los segundos es el error de cálculo más común. Estos son los habituales en Uruguay.
El dominio y el hosting son inevitables: son la dirección y el lugar donde vive tu web. Son montos chicos, pero anuales o mensuales, así que conviene tenerlos en el cálculo desde el arranque. El mantenimiento y la publicidad son opcionales en lo técnico, pero en la práctica una web que nadie actualiza ni promociona termina siendo plata enterrada: quedó linda el día del lanzamiento y después nadie la ve.
Comparar precios sin comparar alcances. Dos presupuestos con cifras muy distintas casi nunca son por lo mismo. Antes de elegir por precio, asegurate de que estás comparando webs equivalentes: mismo número de páginas, mismo diseño, mismo SEO, mismo soporte.
Creer que "con Instagram alcanza". Las redes son alquiladas: no controlás el algoritmo ni la cuenta. Una web es tuya, aparece en Google cuando alguien busca lo que ofrecés y le da seriedad a tu negocio. No compite con Instagram — lo complementa y le da un lugar estable a donde llevar a la gente.
Olvidarse de los costos recurrentes. Mucha gente presupuesta solo la inversión inicial y se sorprende con el dominio o el hosting al año siguiente. Sumalos desde el principio para saber el costo real de tener la web funcionando todo el año.
Elegir lo más barato y pagar dos veces. Una web mal hecha, que no convierte ni aparece en Google, no es barata: es plata perdida más el costo de rehacerla bien después. Lo barato sale caro cuando se trata de la cara de tu negocio en internet.
No pedir todo por escrito. Lo que no está en el presupuesto, no está acordado. Plazos, qué incluye, qué queda aparte, qué pasa con el soporte y a nombre de quién quedan el dominio y el hosting: todo eso debería estar documentado antes de empezar.
Depende del tipo de web. Como referencia en plaza (2025–2026): una landing page de una sola sección ronda los USD 250 a 500; una web institucional de varias páginas con diseño propio suele ir de USD 500 a 1.200; y una web a medida con funcionalidades particulares parte de USD 1.500 en adelante. A eso se le suman el dominio (desde ~USD 30–40 al año) y el hosting (desde ~USD 5–20 al mes). El precio final se define según la cantidad de páginas, el diseño, el contenido y el SEO que necesites.
Una landing page —una sola pantalla con un objetivo claro— es lo más económico: suele ir de USD 250 a 500. Una web institucional con varias secciones (inicio, servicios, nosotros, contacto) implica más diseño, más textos y más SEO, y por eso ronda los USD 500 a 1.200. La landing es ideal para validar una idea o acompañar una campaña; la web completa, para un negocio que quiere presencia estable y aparecer en Google.
Los recurrentes habituales son el dominio (desde unos USD 30–40 al año para un .uy o .com.uy) y el hosting (desde unos USD 5–20 al mes según el plan). El certificado SSL suele venir incluido con un buen hosting. De forma opcional se le pueden sumar un plan de mantenimiento mensual y la inversión en publicidad. Son montos chicos comparados con la inversión inicial, pero conviene tenerlos en cuenta desde el arranque.
Porque casi nunca es lo mismo. La diferencia está en cosas concretas: una usa una plantilla genérica y la otra un diseño propio pensado para tu marca; una entrega la web "linda" y la otra optimizada para Google; una tiene una sola página y la otra cinco secciones con textos trabajados; una no incluye soporte y la otra sí; en una ponés vos el contenido y en la otra lo redactan por vos. Antes de comparar precios, conviene comparar exactamente qué incluye cada propuesta.
Depende de tu momento. Si estás validando una idea o necesitás estar online ya con poco presupuesto, una landing sobre plantilla cumple. Pero si tu negocio ya tiene tracción y querés que la web traiga clientes desde Google y transmita seriedad, la inversión en diseño propio y SEO se paga sola. El error es pagar por una web profesional y recibir una plantilla, o esperar resultados de una web a medida habiendo pagado por lo más básico.
Una landing page bien hecha puede estar en producción en una o dos semanas. Una web institucional suele llevar entre 2 y 4 semanas desde el diagnóstico, dependiendo de la cantidad de secciones y de qué tan rápido se entreguen los materiales (textos, fotos, logo). Aparecer bien posicionada en Google lleva más tiempo —el SEO orgánico se construye— pero dejar la base correcta desde el día 1 acelera todo ese proceso.
Debería. Es una de las preguntas más importantes y que menos se hace. El dominio y el hosting son tuyos: asegurate de que queden registrados a tu nombre o al de tu empresa, con acceso a las claves. Así, si en algún momento cambiás de proveedor, tu web y tu dirección en internet siguen siendo tuyas y no quedás atado a nadie.
En menos de 24 horas te decimos cuánto costaría tu página web según lo que realmente necesitás — qué incluye y qué quedaría aparte.
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